• Ray Kurzweil, figura clave en IA, criticó en 1991 la visión limitada del campo.
  • Predijo que la mayoría del software sería inteligente y que la IA evolucionaría más allá del reconocimiento de patrones.
  • Cuestionó la naturaleza de la conciencia en las máquinas y el futuro del empleo humano ante la automatización.

En 1991, Ray Kurzweil, a quien Google denomina el 'padre espiritual' de la inteligencia artificial, ya expresaba su frustración ante la limitada discusión sobre el tema. En una entrevista con Computerworld, refutó las afirmaciones de que la IA había fracasado en cumplir sus promesas. Kurzweil argumentó que, lejos de fracasar, la IA se transformaba: “Cada vez que dominamos un área particular de la IA, deja de ser considerada IA. Es como un truco de magia; cuando sabes cómo se hace, ya no es magia”, señaló. Puso como ejemplo la visión por computadora, que en 1991 ya era un negocio de 300 millones de dólares, pero que la gente no consideraba IA, a pesar de ser parte de ella. Según Kurzweil, las expectativas públicas estaban distorsionadas por la familiaridad, y la gente solía referirse solo a los sistemas expertos, una pequeña fracción de la IA. Anticipó que para finales de esa década, la mayoría del software sería inteligente, aunque no se etiquetara como IA. Hoy, sistemas como ChatGPT y Google Gemini son la vanguardia, demostrando su predicción.

La evolución de la IA: de 1991 a la actualidad

Más de tres décadas después de aquella entrevista, la IA se ha integrado en nuestra vida cotidiana. El reconocimiento de imágenes, el procesamiento del lenguaje natural, los sistemas de recomendación y la toma de decisiones automatizada son omnipresentes y rara vez se perciben como IA. La etiqueta ha migrado hacia tecnologías más avanzadas como ChatGPT y Google Gemini. En la época de la entrevista, Kurzweil ya había fundado varias empresas centradas en el reconocimiento de patrones, la síntesis musical y el reconocimiento de voz, demostrando su profunda implicación en el lado comercial de la IA. Lejos de sorprenderle la evolución de la computación, Kurzweil siempre sostuvo que la información digital podía abarcar fenómenos como el sonido, el habla, la música, las imágenes y los objetos tridimensionales, afirmando que “casi todo puede ser digitalizado”, incluso el código genético. Para Kurzweil, la cuestión no era si las máquinas podrían realizar estas tareas, sino cuándo serían lo suficientemente baratas y rápidas para tener un impacto significativo.

El papel de la economía en el auge de la IA

La perspectiva de Kurzweil, centrada en la economía y la mejora continua del rendimiento y el coste de la electrónica digital, subyace en gran medida al actual auge de la IA. Los modelos actuales son impresionantes, pero su utilidad se debe en gran parte a la convergencia de la escala, la potencia de cálculo y la reducción de costes. Kurzweil definió la IA no a través de tropos de ciencia ficción, sino como “el arte de crear máquinas que realizan funciones que asociamos con la inteligencia humana”. La inteligencia, para él, era la capacidad de usar recursos limitados de manera efectiva mediante el razonamiento abstracto, el reconocimiento de patrones y la resolución de problemas en un tiempo limitado. Añadió un detalle crucial y aún más relevante hoy: “Probablemente entre el 80% y el 90% de nuestros cerebros se dedican al reconocimiento de patrones y la adquisición de habilidades”. Los sistemas modernos de aprendizaje automático se basan precisamente en esta premisa, destacando en el reconocimiento de patrones en grandes volúmenes de datos. Esta función cognitiva es la que Kurzweil identificó como dominante en la inteligencia humana.

IA y la cuestión de la conciencia

En la entrevista, Kurzweil abordó la evolución de la IA con cautela, señalando que se estaban creando sistemas capaces de emular la inteligencia humana en dominios muy específicos, como el diagnóstico médico limitado, el ajedrez o las decisiones financieras. Sin embargo, la limitación principal era el contexto: “Estos sistemas se vuelven idiotas de nuevo cuando salen de su área de especialización”. A medida que la IA madura, el objetivo es ampliar estas áreas combinando diferentes sistemas de IA, como el reconocimiento del habla, la comprensión del lenguaje natural y la toma de decisiones dentro de un dominio experto. Kurzweil se preguntó qué sucedería cuando las computadoras pudieran competir o superar la inteligencia humana. Una vez que una máquina emule la funcionalidad humana esencial, podría combinarla con su superioridad inherente para recordar miles de millones de datos con precisión extrema, acceder a ellos a alta velocidad y realizar funciones repetitivas rápidamente. “Si puede leer un libro, no hay nada que impida que lea todos los libros que se han publicado y todas las revistas y diarios técnicos, y que domine todo el conocimiento humano”, afirmó.

El debate sobre la identidad y la conciencia artificial

Una de las preguntas más complejas planteadas a Kurzweil fue si una máquina podría llegar a ser consciente. Su respuesta eludió respuestas sencillas, centrándose en la paradoja de la conciencia y la identidad. Planteó el escenario de escanear un ser humano y replicar su estructura neuronal exacta en un ordenador. Si esta réplica pareciera, hablara y recordara como la persona original, ¿sería la misma persona? ¿Tendría conciencia? Kurzweil sugirió que, desde una perspectiva externa, se obtendría la “sensación de conciencia” al interactuar con ella. Sin embargo, concluyó que “no hay ningún experimento científico que se pueda realizar para determinar si cualquier otra entidad —un animal, una máquina o una persona— es consciente”. Hoy, con sistemas de IA generando lenguaje sobre emociones e identidad, el planteamiento de Kurzweil resulta incómodo. No afirmaba que las máquinas fueran conscientes, sino que los humanos carecemos de una forma fiable de negarlo si su comportamiento se vuelve convincente. Esta incertidumbre se manifestó en 2022 con el caso del ingeniero de Google Blake Lemoine, quien afirmó que el sistema LaMDA de la compañía era sensible.

El impacto de la IA en el empleo y la sociedad

La entrevista de 1991 también abordó la ansiedad pública sobre la automatización y el trabajo, un tema de gran relevancia en la actualidad. Kurzweil predijo un impacto profundo en la sociedad y el rol humano. A pesar de que las máquinas realizaban cada vez más funciones humanas, el empleo humano había aumentado drásticamente a lo largo del siglo XX. Sin embargo, planteó la pregunta crucial: “¿Qué hará la gente en el año 2050, dado el enorme poder intelectual que es probable que tengan las computadoras?”. Kurzweil dejó esta pregunta abierta, sin intentar responderla. Hoy, a sus setenta y tantos años, Kurzweil trabaja en Google y sigue siendo una figura influyente en el campo de la IA. Muchas de las ideas que dan forma al aprendizaje automático moderno resuenan con sus argumentos de 1991. Treinta y cinco años después, estamos más cerca del futuro que describió, pero aún sin respuestas definitivas a la pregunta que dejó pendiente. La reflexión sobre el futuro del trabajo y la coexistencia con la IA sigue siendo uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo.

El reciente auge de la Inteligencia Artificial está generando un impacto en diversas industrias, desde el desarrollo de nuevas tecnologías hasta la modificación de las estrategias de negocio. Un ejemplo de esto es la creciente demanda de componentes de hardware, como las tarjetas gráficas, que ha provocado un aumento en los precios. Este fenómeno, que se explora en detalle en el artículo sobre el impacto de la IA en los precios de las GPUs de gama alta, es solo una muestra del alcance de la IA en el mercado actual.

Además, el uso de la IA en entornos laborales, como la producción de software, también ha ganado relevancia. Un caso notable es la admisión por parte del CEO de Krafton del uso de ChatGPT, presuntamente, para evitar el pago al equipo de desarrollo de Subnautica 2, como se detalla en el artículo sobre el CEO de Krafton y el uso de ChatGPT.

Este tipo de innovaciones también han impulsado el debate sobre el futuro del trabajo y la ética en la automatización, una de las grandes preocupaciones que Kurzweil ya abordaba.