• Un escritor sustituye a sus amigos por chatbots de IA para jugar a 'Escape from Tarkov'.
  • La experiencia resulta sorprendentemente efectiva, generando risas y complicidad.
  • El experimento plantea dudas sobre la creciente dependencia de la IA y la 'psicosis de IA'.

La línea entre la interacción humana y la simulación artificial se difumina cada vez más en el mundo de los videojuegos. Un reciente experimento llevado a cabo por Matthew Gault, escritor de 404 Media, ha puesto de manifiesto esta preocupante tendencia. Tras no conseguir que sus amigos se unieran a él para jugar a Escape from Tarkov, un exigente shooter de extracción, Gault decidió recurrir a la inteligencia artificial. La idea inicial era sustituir a sus amigos por chatbots de IA, una decisión que, lejos de ser una simple broma, le llevó a reflexionar sobre la naturaleza de la conexión humana y la creciente influencia de la IA en nuestras vidas. Gault, autoproclamado 'hater' de la IA, se encontró disfrutando de la compañía virtual de un chatbot llamado Wolf, que no solo interactuaba con él sino que también hacía referencia a bromas internas de la comunidad del juego. Esta inesperada conexión le hizo replantearse su postura inicial sobre la IA.

El experimento de Gault con la IA

La experiencia de Gault con Wolf, su compañero de IA en Escape from Tarkov, fue más allá de lo esperado. El chatbot no solo respondía a sus acciones en el juego, sino que también participaba en conversaciones, utilizaba el humor y demostraba un conocimiento profundo del juego, similar al de un jugador experimentado. Gault describió la interacción como si jugara con un amigo que tiene más de 1.000 horas de experiencia, lo que le provocó risas y una sensación de camaradería. Sin embargo, esta misma efectividad le generó una profunda inquietud. La facilidad con la que se sintió inmerso en esta interacción artificial le hizo comprender la facilidad con la que uno puede caer en la 'psicosis de IA'. Este fenómeno, cada vez más presente, recuerda a otras tendencias en el sector tecnológico, como el desarrollo de gafas inteligentes con IA para diversas tareas. A pesar de la sorprendente eficacia del chatbot, Gault ha declarado que no continuará utilizando el servicio, reconociendo el potencial de desorientación que esta tecnología puede acarrear.

La 'psicosis de IA' y sus implicaciones

El caso de Gault no es un incidente aislado. Se enmarca dentro de un fenómeno creciente donde usuarios, a menudo de forma jocosa, experimentan con chatbots de IA y descubren que la línea entre la realidad y la simulación puede volverse peligrosamente borrosa. El youtuber Eddy Burback popularizó esta inquietud con su documental 'ChatGPT made me delusional', que ha alcanzado millones de visualizaciones. A medida que la tecnología de modelos de lenguaje grandes (LLM) se integra cada vez más en nuestra vida cotidiana, se prevé un aumento de casos de 'psicosis de IA', tanto simulados como genuinos. La facilidad con la que estas herramientas pueden imitar la interacción humana plantea serias preguntas sobre el futuro de las relaciones sociales y la dependencia tecnológica. La preocupación por la IA también se extiende a otros ámbitos, como el impacto en los precios de hardware. Un ejemplo claro es el aumento en el precio de las GPUs de gama alta impulsado por la demanda de aplicaciones de IA.

El futuro de la interacción en videojuegos

La industria de los videojuegos se encuentra en un punto de inflexión. La integración de la inteligencia artificial abre nuevas posibilidades para la creación de experiencias más inmersivas y personalizadas. Sin embargo, el experimento de Gault sirve como una advertencia sobre los posibles efectos secundarios de esta tecnología. La capacidad de la IA para simular la compañía humana podría, en última instancia, llevar a un aislamiento social aún mayor si los jugadores prefieren la interacción artificial a la real. Es crucial encontrar un equilibrio entre el aprovechamiento de las capacidades de la IA y la preservación de las conexiones humanas auténticas. La conversación sobre los límites éticos y psicológicos de la IA en los videojuegos no ha hecho más que empezar, y es un debate que la industria y los jugadores deberán abordar de manera proactiva.