• La creciente digitalización de los vehículos los hace vulnerables a la quiebra de las empresas de software.
  • Casos como Fisker y Better Place demuestran cómo la insolvencia puede dejar coches inservibles.
  • La dependencia del software propietario complica las reparaciones y el mantenimiento a largo plazo.

Imagina girar la llave de tu coche y que nada suceda, no por una avería mecánica, sino porque un servidor ya no responde. Este escenario, cada vez más plausible, subraya la fragilidad de los vehículos modernos, cuya operatividad depende de empresas de software que pueden desaparecer. A medida que los coches se transforman en plataformas de software y suscripciones, su vida útil está intrínsecamente ligada a la supervivencia de quienes desarrollan su código. Cuando estas compañías fallan, las consecuencias trascienden una simple actualización de aplicación, afectando la funcionalidad básica del vehículo.

El riesgo de la obsolescencia por software

El software automotriz ha evolucionado de simples funciones de gestión de motor a sistemas complejos que controlan vehículos interconectados. Aplicaciones móviles permiten desbloquear puertas, activar luces o preacondicionar el habitáculo, y algunos modelos ni siquiera arrancan sin la app del fabricante en el teléfono. Sin embargo, esta comodidad moderna contrasta con la preocupación de que un fallo de software pueda dejar un coche inutilizable, requiriendo no piezas, sino técnicos especializados. La dependencia de los fabricantes para solucionar problemas de software es total, convirtiendo las reparaciones en una tarea de soporte informático.

El caso Fisker: un ejemplo de insolvencia

Un claro ejemplo de esta problemática es Fisker. La marca automotriz californiana, tras su llegada a Reino Unido en mayo de 2023, se declaró en bancarrota apenas un año después. Sus vehículos eléctricos, como el Ocean Sport, contaban con tecnología avanzada, pero la insolvencia de la empresa dejó a los compradores en una situación insostenible. Uno de los propietarios experimentó fallos persistentes de software que, tras la declaración de quiebra, dejaron su Ocean varado durante diez meses como un mero adorno en su entrada, sin solución a la vista.

Better Place: el colapso de un modelo de negocio

Antes de Fisker, Better Place, fundada en 2007, fue una empresa de infraestructura y software para vehículos eléctricos que prometía eliminar la ansiedad por la autonomía mediante estaciones de intercambio de baterías. Su modelo se basaba enteramente en servidores centralizados, suscripciones y software propietario para autenticar vehículos y gestionar los intercambios. El Renault Fluence Z.E., su vehículo principal, quedó inservible cuando Better Place se declaró en bancarrota en mayo de 2013, cerrando las líneas de montaje y apagando los servidores. La desaparición del software de gestión dejó muchos coches inutilizados, demostrando el riesgo inherente a sistemas tan centralizados.

La dependencia del soporte del fabricante

Estos casos ilustran un cambio fundamental en la industria automotriz: la propiedad a largo plazo depende no solo de la durabilidad mecánica, sino del acceso continuo al software propietario y al soporte del fabricante. Cuando el software de un coche moderno falla, el propietario debe recurrir al fabricante, quien controla el código. Esta situación se convierte en un punto crítico de fallo cuando la empresa desaparece. Aunque las comunidades de propietarios intentan crear soluciones no oficiales, el riesgo de dañar el vehículo es considerable, pudiendo tener consecuencias graves, como el despliegue inoportuno de un airbag.

Mitigando riesgos en la era del software

Para los coches más nuevos, los fabricantes suelen tener planes de contingencia, como retiradas o actualizaciones remotas. Sin embargo, el mercado de segunda mano presenta un panorama más incierto. Un Tesla Model S de hace una década, aunque asequible, no garantiza soporte de software indefinido. La falta de soporte puede convertir un coche funcional en un riesgo de ciberseguridad. Iniciativas como Catena-X buscan mitigar estos riesgos mediante una red de datos colaborativa que conecta fabricantes, proveedores y empresas de TI. Al crear registros digitales trazables para piezas y software, y estandarizar modelos de datos, Catena-X aspira a hacer las cadenas de suministro más resilientes.

La estandarización como solución

Catena-X facilita la creación de listas de materiales de software y estandariza componentes para hacer el software reemplazable. Un mercado y una implementación de referencia de código abierto ayudan a los fabricantes a encontrar proveedores alternativos. La industria también comparte la responsabilidad de definir ciclos de vida mínimos para el software de los vehículos. Aunque Catena-X puede facilitar compromisos y consensos, no actúa como un regulador que impone plazos de vida obligatorios. La lección es clara: en los coches actuales, el software es tan crucial como el motor. Cuando ese software desaparece, el vehículo puede pasar de ser un medio de transporte diario a un costoso pisapapeles.

A medida que la tecnología avanza, la integración de software en los vehículos se intensifica. Recientemente, se ha visto cómo la necesidad de software puede afectar incluso a las grandes empresas. Por ejemplo, en el caso de Sam Altman solicitando la devolución de su depósito de Tesla, el software y su fiabilidad son aspectos críticos. A pesar de los avances, la dependencia del software puede crear situaciones como la experimentada por Fisker y Better Place, y para estar al día con la industria, es importante saber que BYD ha superado a Tesla. Puedes leer más al respecto en el artículo BYD supera a Tesla como líder mundial de vehículos eléctricos.

La necesidad de soporte de software a largo plazo pone en relieve la importancia de entender la vulnerabilidad de estos sistemas. Este artículo ha explorado ejemplos como Fisker y Better Place, pero el tema sigue evolucionando. La industria, a través de iniciativas como Catena-X, intenta encontrar soluciones, pero el desafío de garantizar el funcionamiento y la seguridad del software en los vehículos sigue siendo fundamental.